Voz Editorial “El Sacrificio de Caballos en la Ciudad de Santiago”, 7-5-2018
En los gobiernos del general Rafael Leonidas Trujillo Molina y el doctor Joaquín Balaguer, en el Ministerio de Salud existía el Departamento “Salud Ambiental”, cuyos funcionarios tenían la encomienda de eliminar los perros realengos que circularan por las calles.
Para tal fin, colocaban determinados venenos en lugares muy específicos, sobretodo en zafacones que eran frecuentados por los perros en busca de desperdicios alimenticios.
En los gobiernos siguientes, con el surgimiento en el país de entidades que tienen la misión de proteger los animales, sin importar su procedencia y condiciones, esa práctica quedó descontinuada desde el Ministerio de Salud.
Es por ello que ha originado tantos cuestionamientos en sectores importantes del país, que el Ayuntamiento de la ciudad de Santiago, dispusiera el sacrificio de caballos que habían sido incautados a “folklóricos” cocheros, porque supuestamente presentaban Anemia Infecciosa.
El propio alcalde municipal, licenciado Abel Martínez justificó la acción, argumentando que los animales sacrificados exhibían garrapatas, abundante sarna y cortaduras en sus respectivos espinazos.
Nos unimos a quienes han condenado la acción, tildada de brutal y criminal, porque esos funcionarios edilicios responsables de la ejecución, debieron poner dichos caballos en manos de la Dirección General de Ganadería, en la cual existe la Dirección Pecuaria, responsable de tratas esos y otros casos que padecen animales.
Quiénes aconsejaron al alcalde municipal de la Ciudad de Santiago para el sacrificio de los caballos, no son sus amigos, sino sus verdaderos enemigos políticos.