Voz Editorial “Viviendo entre Tragedias y Tragedias”, 13-7-2016
Cuando todavía no encontramos las razones que justifiquen la muerte de una niña de 5 meses de nacida a manos de su propia madre y la tragedia que ocurrió en el tramo carretero de Nagua-Sánchez, en cuyo accidente de tránsito resultaron muertos más de una veintena de personas, nos llega la información de la muerte violenta del niño Jheden Acosta Carrasco.
El propio Jefe de la Dirección Nordeste de la Policía, general Ramón Ciriaco Núñez, confirmó que este niño de apenas de 4 años de edad, fue asesinado a balazos por el segundo teniente Gerardo Mateo y el raso policial Francisco Alberto Acosta.
La ciudadanía esta al borde de la desesperación con este estado de cosa, que nos presentan ante los ojos del mundo como un país invivible, con el agravante que el Jefe de la Policía Nacional, mayor general Nelson Peguero Paredes, reveló hace unos días que desconocen dónde prestan servicios más de 4 mil 300 agentes policiales.
En medio de esta realidad que vivimos y desconociendo la existencia de planes o programas preventivos que emanen de los organismos competentes del Gobierno del licenciado Danilo Medina, nos obliga pensar sin reservas que la seguridad ciudadana va de mal a peor.
Los más diversos sectores organizados de esta ciudad de San Francisco de Macorís en los últimos meses han puesto en la mesa de discusión los más diversos proyectos de desarrollo, que en su mayoría no arrancan, a consecuencia de que estamos viviendo entre tragedias y tragedias, sin que los funcionarios se inmuten.
Así como expresan los religiosos que andan en las calles predicando las enseñanzas divinas de Jesús, clamamos: “Que Dios nos coja confesao”, porque en verdad estamos viviendo en medio del peligro y autoridades incompetentes.